
LAZOS DE AMOR
Somos Fausto y Laura, una pareja apasionada por llevar las buenas nuevas de Jesús a todos los rincones del mundo.
Actualmente, estamos viviendo una experiencia transformadora en la Escuela de Discipulado de JCUM Avila. Este tiempo de formación nos ha permitido profundizar nuestra relacion con Dios y equiparnos para servir de manera mas efectiva,
Llevamos en nuestros corazones el deseo de ser luz en el mundo, queremos ser instrumentos en las manos de Dios para llevar esperanza y sanidad a quienes mas lo necesitan.
Nuestra visión es simple pero poderosa : compartir el evangelio con cada persona que encontremos y servir de todas las formas posibles.
LAS AREAS DE NUESTRO MINISTERIO
ir por los necesitados

Desde siempre, nuestro corazon ha estado conectado con quienes mas lo necesitan. Hace dos años, dimos el primer paso y empezamos a llevar alimentos, ropas y compañia en las calles, hospitales y orfanatos. Hemos visto de cerca el impacto que un pequeño gesto puede tener en la vida de alguien.
Ahora, mientras estudiamos, queremos seguir haciendo la diferencia. ¡ Únete a nosotros !
unidad entre cristianos

En la Escuela Misionera de JCUM Ávila, fuimos testigos de una hermosa diversidad. Conviviendo con hermanos y hermanas de diversas denominaciones cristianas – protestantes, católicos, ortodoxos-, experimentamos de primera mano cómo nuestras diferencias enriquecieron nuestra fe compartida. Descubrimos que, más allá de nuestras tradiciones particulares, nos une un mismo propósito: dar a conocer el amor de Dios al mundo. Y es lo que queremos llevar en nuestro corazón, que juntos podemos ver mas lo que nos acerca que lo que nos divide para seguir con el mandato de Dios: Id y hacer discípulos.
sanidad

El hospital fue un lugar de reflexión y transformación. La dependencia de otros para mi salud me llevó a cuestionarme mi propia existencia y a buscar respuestas más allá de lo material.
Al observar el sufrimiento de otros, experimenté una profunda conexión con la humanidad y un deseo de trascender mi propia experiencia. Aunque no conocía a Dios en ese momento, sentí que me sostenía. Al salir sana, comprendí que había sido parte de un plan más grande y que mi propósito era compartir la esperanza y el apoyo con quienes lo necesitaban.
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